16/11/2021
Hoy en la sesión práctica hemos
hecho una actividad sobre el mapa de sostenibilidad para proyectos
Tras
revisar los niveles de dominio, he observado que ninguno de los niveles los he
tratado en los 3 años y medio que llevo de carrera por lo que no me veo capaz
llevarlo a cabo en un futuro
Los que
siento que no sabría llevar a cabo son:
- En el nivel 3 de la competencia 1 C1.H.3.1. “Desde su perspectiva profesional, sabe explicar los problemas de Sostenibilidad (económicos, sociales y ambientales), y proponer métodos y estrategias para afrontarlos, a escala local y global” no sabría en gran medida explicarlos ya que los he dado por encima.
- A su vez en el nivel uno de la competencia 2 C2.H.1.5.-2.1.5. “Conoce criterios para valorar la justicia social en los proyectos de su ámbito profesional (por ejemplo, equidad, inclusión, derechos humanos, perspectiva de género, accesibilidad, salud, lucha contra la corrupción, etc.).”
- En segundo lugar, en la competencia 3 C3.H.2.1. “Sabe desenvolverse de manera satisfactoria en procesos educativos comunitarios, identificando expectativas e intereses, y fomentando el compromiso con los ODS.”
- Por último, en relación a la competencia 4 C4.H.3.2. “Puede diseñar, planificar, implementar y evaluar propuestas de intervención educativa para la promoción de los ODS (educación de calidad, igualdad de género, consumo sostenible...).”
Por otro lado, en la sesión teórica hemos estado comentando de nuevo los objetivos del desarrollo sostenible, poniendo en común las percepciones sobre ellos y dándonos cuentas que algunos son inalcanzables. También hemos leído por grupos que ha ido asignando la profesora, este articulo: “Educación para el desarrollo sostenible: una visión crítica desde la Pedagogía” para comentarlo en la clase con nuestras compañeras.
Hemos estado comentando que asistimos a una continua aceleración de los cambios del planeta y de la humanidad, con ritmos de vida y de trabajo intensificados, que nos conducen a una emergencia planetaria, en la que la educación parece tener algo que decir y hacer. La sociedad cambiante, compleja, globalizada e interconectada, que contrasta con la lenta evolución biológica, resulta insostenible. A su vez, la desaceleración de estos ritmos se nos presenta tan utópica como necesaria. De acuerdo con esto, observamos una velocidad extrema de producción de textos académicos que abogan por el desarrollo sostenible, cuya definición clásica era la satisfacción de las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades y que se ha deslizado en las últimas décadas hacia una comprensión más amplia, integradora y ambiciosa de mejora de la vida de todos, sin dejar a nadie atrás.
En
septiembre del año 2000, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la
Resolución 55/2 referente a la Declaración del Milenio, estableciendo los ocho
Objetivos de Desarrollo del Milenio (en adelante, ODM), que debían cumplirse
antes del 2015 por los 189 países firmantes, los cuales asumían compromisos tan
amplios como: reducir la pobreza extrema, reducir la propagación del SIDA y
garantizar el acceso a una educación primaria. Cuando se hizo la revisión en
2015 del alcance del cumplimiento de los ODM, el propio Secretario General de
la Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, explicaba que, a pesar de los logros, quedaban
muchos esfuerzos por realizar, pues las desigualdades persistían y el progreso
en aquellos años había sido desigual, anunciando así la nueva Agenda 2030 para
el Desarrollo Sostenible. Esta nueva Agenda ha duplicado los objetivos, de 8
ODM a 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (en adelante, ODS). En lo que
respecta a la educación, el paso se da de la instrucción y escolarización a la
educación en un sentido más amplio y actual. “Lograr la enseñanza primaria
universal” (ODM2) se transforma ahora en “Garantizar una educación inclusiva,
equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la
vida para todos” (ODS4).
La
educación formulada en el Objetivo 4 se adjetiva, incorpora en su lenguaje
tendencias pedagógicas actuales y exigencias más economicistas, con los
interrogantes y contradicciones que ello pueda generar. La terminología actual
del ámbito educativo está en perfecta sintonía con el ODS4:
- Inclusión
- Calidad
- Equidad
- oportunidades de aprendizaje
- Aprendizaje para toda la vida
Pero la
Agenda 2030 y su paradigma asociado no solo tienen protagonismo en los informes
supranacionales, sino también en la cotidianidad del ámbito universitario que
conforma el “aire social” en el que se realiza la investigación académica. Es
sencillo encontrar propuestas universitarias como concursos de vídeos sobre
movilidad sostenible o yincanas universitarias por la movilidad sostenible, y
asistir a congresos cuya temática combina la educación, la sostenibilidad y/o
los ODS.
Esta
abundante presencia del discurso de la sostenibilidad en la educación nos abre
varios interrogantes que abordamos en este trabajo, y que constituyen nuestro
problema de investigación: si el desarrollo sostenible es un objetivo educativo
tan esencial para el desarrollo humano:
- ¿Cómo es posible que desde la investigación no la hayamos considerado antes?
- ¿Son los Organismos Internacionales (en adelante, OI) los que mejor divisan los objetivos de la formación humana y quienes, por tanto, han de establecer la agenda educativa?
- ¿Cuál ha de ser el alcance de estos nuevos ODS en la formación de los profesionales de la educación?
- ¿Es realmente la educación la mejor herramienta para alcanzar los ODS o estamos volcando sobre ella, como en tantas ocasiones, las últimas demandas sociales? En lo que sigue, no se discutirá la bondad (evidente) de estos objetivos, sino que la aportación principal de este artículo al conocimiento pedagógico reside en revisar el tratamiento de la Agenda 2030 y del paradigma de la sostenibilidad en la investigación educativa del ámbito académico español, atendiendo a los criterios selectivos que se detallan a continuación, con el fin de contestar a nuestras preguntas de investigación.
No
es positivo adjetivar los conceptos porque su significado va inherente en el
concepto. Es una opción que hace ver que se ha olvidado el carácter de las
palabras y se adjetiva para recordar ese carácter.
o Ejemplo:
La palabra desarrollo sostenible se sobreentiende que el desarrollo debe ser
sostenible, no haría falta la segunda palabra.
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